martes, 28 de junio de 2011

Prefiero bollitos

ñammmmmmmm!!!!
Es una pena que la mayor parte de las cosas importantes que aprendemos en la vida tengamos que hacerlo a base de hostias. Así descubrí que torpeza y deportes de riesgo es una mezcla peligrosa; y tambien que hace falta tan solo un segundo para romperse un hueso pero el trabajo de meses para que vuelva a ser el mismo de antes. Pero tambien  que hay que saber cuando puedes esperar algo de una persona y cuando no. Esta es una de las últimas cosas que la vida me enseñó, y también de las más dolorosas, ya que llevaba implícito el combo de otras dos: que la gente no cambia (y que de hacerlo suele ser para peor),y que lo que no te mata termina por hacerte más fuerte.

Diréis que es una perogrullada y que ya soy demasiado mayorcita para ir creyendo en los pajaritos de colores, pero, ¿qué podéis esperar de alguien que quiere aprender quenya sólo por si, llegado el hipotético caso,si se encuentra un elfo, poder dedicarle unas palabras en su idioma?

Cuando era una jovenzuela recuerdo que era una persona bastante dura y desconfiada, y muy, pero muy borde. La verdad es que si me paro a pensar en cómo era entonces encuentro bastante poco de ello en mi yo actual. Supongo que el hecho de haber vivido desde los 6 años con la enfermedad crónica de mi padre, con ese miedo a quedarte huérfana en el momento más imprevisible y haber pasado algunos momentos difíciles en la vida de un niño lejos de mis padres, acabaron forjando en mí un sentimiento de "hágalo usted mismo" bastante marcado y bastante mal entendido por el resto de mi familia. Tambien es verdad que el hecho de que ese "resto de la familia" no hubiese estado allí en aquel momento para asumir el papel de mis padres, creó un sentimiento de desapego enorme hacia la familia como ente abstracto e impersonal que vaya más allá de mi padre, mi padre, mi gato y mi pareja cuando la he tenido.

Me llevó bastante tiempo abrirme a la gente, siempre había una especie de coraza que no dejaba que nadie traspasase, porque debajo de ella yo era como todos los demás, era vulnerable y las cosas me afectaban. Bueno, en realidad las cosas me afectaban de todos modos, pero al menos ahí afuera, desde el otro lado de la coraza, nadie lo notaba.

Pero un buen día descubrí que no puedes ir por la vida desconfiando de la gente sin haberles dado siquiera la oportunidad de que la fastidien, que vivir así implicaba perderse muchas cosas que no merecía la pena perder, sobre todo teniendo en cuenta que en cuestión de días la vida podía dar un vuelco y ponerse patas arriba. Aprendí a dulcificar mi carácter, a no ser borde porque sí, a dar a la gente la oportunidad de equivocarse, tambien a ser cauta y observar. Ya sé que puedo dar imagen de ser bastante atolondrada, pero, creedme, cuando conozco poco a alguien me fijo muchísimo en los pequeños detalles.

Pasé a ser una persona abierta y sociable con la que creo que es fácil sentirse cómodo, que no le gusta excluir a la gente sino todo lo contrario, que habla mucho y se muestra tal y como es, pero hasta un punto,llegado el cual muy poca gente puede entrar porque soy hermética y extremadamente celosa de mi vida privada. Puede que haya gente que crea que eso es incompatible con tener mil millones de redes sociales, pero no estoy de acuerdo, porque aquí cuentas lo que quieres y hasta dónde quieres, y a partir de ese punto sólo se pueden hacer conjeturas. Conozco a muchísima gente, pero pocos, muy pocos buenos amigos, supongo que porque soy muy precavida a la hora de otorgarle ese "privilegio" a alguien, aunque a veces hay gente con la que, sin saber por qué, conectas de una forma casi instantánea, como si te conocieses de una vida anterior o algo así.

Por eso cuando me equivoco con alguien, cuando una persona no resulta ser como esperabas, el palo resulta tan gordo. Supongo que todos nos hemos pegado algún que otro palo de este tipo, yo en concreto dos. El primero lo superé malamante, pero como tenía a mi lado un chico que me quería mucho, eso me ayudó a sobrellevarlo. El segundo fue peor, porque fue el resultado de muchos años de amistad, que acabaron derivando en algo más que finalmente terminó como un auténtico desastre. Por el camino perdí la esperanza en la humanidad (suerte que a veces consigo recuperarla), 7 años de mi vida, y también me perdí a mí un poquito. Pero también aprendí cosas valiosas para mi vida, que me han hecho crecer a nivel emocional y creo que hasta ser mejor persona, esas de las que hablaba al principio. Lástima que para resurgir cual Ave Fénix haya que quemarse primero.

La etapa más aciaga de mi vida se cerró hace algún tiempo ya, el día que descubrí que no merece la pena esperar algo de alguien cuando sabes que esa persona no va a cambiar, que va a seguir siendo egoísta, cobarde e inmadura, y que nunca te va a tratar como te mereces. Ese día fue en el fondo una liberación, porque aprendí a vivir con lo que podía esperar de mí misma, por poco o mucho que fuese, y a dedicar tiempo a la gente que me había demostrado que realmente lo merecía; y aprendí que una retirada tardía quizá no sea una victoria a corto plazo, pero a la larga en absoluto será una derrota. Tenía la lección bien aprendida, pero sólo de teoría, porque esa persona hasta me negó la posibilidad de poder realizar una prueba empírica...y este fin de semana era el exámen final, sin ensayos, sin posibilidad de revancha, jugando fuera de casa y con un jugador menos.

Yo iba preparada para lo peor, porque otra de las cosas que me ha enseñado la vida es que a veces aunque seas una persona optimista, es preferible ponerse en el peor de los casos y tratar de resolver mentalmente esa situación, ya que a partir de ahí la cosa sólo podrá mejorar, y si logras manejar la situación te vendrás arriba.

Y la manejé. Con una entereza que yo no imaginaba que pudiese tener, con una serenidad sorprendente. Y tras los primeros momentos de incomodidad, me vine arriba, y me crecí más y más; me crecí al ver que podía con eso y con que pudiese venir, que las heridas por fin habían cicatrizado, y ya no dolían...y me crecí al ver lo mal que estaba manejando la situación él, con torpeza y cobardía, pensando que los problemas se resolverán solos metiendo la cabeza debajo del ala, como aquel niño que se esconde bajo la sábana esperando que así desaparezca el monstruo que le acecha en sueños. Me crecí tanto que mi ego sobrevolaba la sala, era corpóreo y todo el mundo podía verlo, e irradiaba luz, calma, y felicidad. Y por un momento imaginé lo que habrían sido estos dos años con él a mi lado y veía más de lo mismo, la misma mierda de siempre, un camino a ninguna parte. Y sentí un profundo alivio, porque ya no duele, porque ya no es mi guerra.

martes, 21 de junio de 2011

Mi fracaso personal

Wrapped trees, Toronto_Christo and Jeanne-Claude
Alguien me dijo una vez que yo podía pasar de ser la reina de la fiesta a convertirme en la persona más negativa y tremendista en cuestión de horas. Creo que nunca me han definido tan bien.
Supongo que tiene que ver con esa manía de vivir como si cada día fuese el último en la tierra. Ese afán de vivirlo todo tan intensamente que los subidones son indescriptibles, pero los bajones tambien son antológicos. Supongo que eso del "hoy es el primer día del resto de tu vida", frase que encabezó mi fotolog durante mucho tiempo,se ha convertido sin querer en mi modus vivendi.Quizá sólo sea una muestra más de mi desequilibrio mental, o quizá, como alguien dijo también, el problema es que soy demasiado emocional..

Llevo meses acumulando cajas en el mueble de la caldera esperando una futurible mudanza. Cajas desmontadas que se unen a sus predecesoras hasta que ya no queda sitio para nada más. Supongo que las cajas son la consecuencia de esa idea que me viene rondando hace meses, ese sentimiento de que este ya no es mi sitio, que no pertenezco a aquí, pero que tampoco tengo claro dónde encajo ahora mismo. Así que sigo acumulando mis cajas, y sigo buscando mi sitio, con mi cuerpo aquí y mi mente lejos, muy lejos. Actúo en consecuencia y reduzco a la mísima expresión los vínculos con este lugar, y me niego a crear lazos nuevos que puedan ser un obstáculo en mi maniobra de evasión particular. Conservo los que tengo, eso sí, no vayan a pensar que soy un ser insensible (recuerden, soy demasiado emocional),pero marco los límites de mi territorio, de hasta donde quiero llegar, como si mi libertad fuese el último bastión sitiado resistiendo una gran batalla.

En cierto modo, lo sé, es como si ya me hubiera ido. Y conste que busco razones para quedarme, pero no encuentro más que obstáculos; y la idea de la hoja en blanco, ese papel de un blanco inmaculado esperando a que alguien lo llene de borrones, me fascina.

Hace 5 meses que terminé la carrera, y ya sabía que las cosas estaban jodidas, pero muy muy jodidas... y aún así la realidad me ha golpeado implacablemente en la cara. Ya sé que cinco meses es poco tiempo, pero la verdad es que cuando pensaba en estas fechas me veía viviendo en algún lugar a muchos kilómetros de aquí rodeada de gente que hablase raro. Llevo meses sin hacer planes a más de dos semanas vista "por si ya no estaba aquí", y sí, es fascinante y divertido vivir con la incertidumbre de que tu futuro te puede llevar a cualquier parte, pero es muy frustante que al final no acabes llegando a ningún lado, y sigas en tu casa, rodeada de sueños que no se acaban de materializar.

Y conste que no me puedo quejar; encontré trabajo en lo que, dada la actual coyuntura, se podría considerar un tiempo record. Un trabajo de mierda, eso sí, pero un trabajo al fin y al cabo, alienante como pocas cosas que he hecho, desagradecido y precario, pero un trabajo donde llegas a fin de mes y alguien te paga, poco, pero te paga.Pero claro, yo seguía soñando con mis planes de futuro, mi huída a ninguna parte, pensando que me merezco algo mejor, indignándome con la cantidad de ineptos en posiciones privilegiadas y luchando por mis sueños.Y es una mierda tener sueños e ideales cuendo tu sueldo es de 650 euros al mes, pero es mucho peor no tener ni siquiera eso.

Supongo que cuando clasifican a nuestra generación como "la generación perdida", no están tan mal encaminados; y no lo digo porque crea en esas mierdas de etiquetar a la gente (que va a ser que no), sino porque lo verdaderamente triste de nuestra generación no es que se esté perdiendo a  gente súper formada que podría sacar este país del agujero en que se encuentra, lo dramático en realidad es que se nos está haciendo perder la esperanza. Supongo que hace unos años, cuando era aún más ilusa idealista y creía que las cosas se podían cambiar, me habría involucrado activamente en todo esto de las acampadas, pero ahora, en plena etapa nihilista, no puedo evitar pensar que todo esto, por muy triste que parezca, no va a servir para nada. Porque al fin y al cabo ellos lo que querían era repartirse el pastel, y eso ya lo han hecho.

A veces me gustaría ser un poco más conformista y soñar con una vida tranquila y acomodada, con una casa con jardín, un perro enorme, y un trabajillo que no me haga pensar mucho ni me dé quebraderos de cabeza. Conformarme con mi sueldo miserable y el cariño de mi marido que me recibirá con un beso en la mejilla cuando vuelva a casa mientras mantiene en brazos a nuestro quinto hijo. Pero no, no quiero eso, porque yo (modesta de mí) sigo pensando que me merezco algo mejor, más excitante, un trabajo que me llene, una vida de aventura, alguien tan chiflado y desapegado de esa vida tranquila como yo.

Y como nada de eso llega de vez en cuando me siento pequeñita, muy pequeñita, casi que me hago invisible, y me permito ser desgraciada y ahogarme en esa angustia vital del que no tiene lo que quiere, porque quizá, en realidad lo que ocurre es que no sé lo que quiero. Porque quizá, en realidad, no es que sea emocional, es que sigo siendo una niña. Y es en estos días, cuando me siento sumamente desgraciada, encerrada en una de esas burbujas de tela que rodean los árboles de la foto, cuando más me acuerdo de aquella canción que decía aquello de "que venga a salvarnos, que me salve a mí primero"