| ñammmmmmmm!!!! |
Diréis que es una perogrullada y que ya soy demasiado mayorcita para ir creyendo en los pajaritos de colores, pero, ¿qué podéis esperar de alguien que quiere aprender quenya sólo por si, llegado el hipotético caso,si se encuentra un elfo, poder dedicarle unas palabras en su idioma?
Cuando era una jovenzuela recuerdo que era una persona bastante dura y desconfiada, y muy, pero muy borde. La verdad es que si me paro a pensar en cómo era entonces encuentro bastante poco de ello en mi yo actual. Supongo que el hecho de haber vivido desde los 6 años con la enfermedad crónica de mi padre, con ese miedo a quedarte huérfana en el momento más imprevisible y haber pasado algunos momentos difíciles en la vida de un niño lejos de mis padres, acabaron forjando en mí un sentimiento de "hágalo usted mismo" bastante marcado y bastante mal entendido por el resto de mi familia. Tambien es verdad que el hecho de que ese "resto de la familia" no hubiese estado allí en aquel momento para asumir el papel de mis padres, creó un sentimiento de desapego enorme hacia la familia como ente abstracto e impersonal que vaya más allá de mi padre, mi padre, mi gato y mi pareja cuando la he tenido.
Me llevó bastante tiempo abrirme a la gente, siempre había una especie de coraza que no dejaba que nadie traspasase, porque debajo de ella yo era como todos los demás, era vulnerable y las cosas me afectaban. Bueno, en realidad las cosas me afectaban de todos modos, pero al menos ahí afuera, desde el otro lado de la coraza, nadie lo notaba.
Pero un buen día descubrí que no puedes ir por la vida desconfiando de la gente sin haberles dado siquiera la oportunidad de que la fastidien, que vivir así implicaba perderse muchas cosas que no merecía la pena perder, sobre todo teniendo en cuenta que en cuestión de días la vida podía dar un vuelco y ponerse patas arriba. Aprendí a dulcificar mi carácter, a no ser borde porque sí, a dar a la gente la oportunidad de equivocarse, tambien a ser cauta y observar. Ya sé que puedo dar imagen de ser bastante atolondrada, pero, creedme, cuando conozco poco a alguien me fijo muchísimo en los pequeños detalles.
Pasé a ser una persona abierta y sociable con la que creo que es fácil sentirse cómodo, que no le gusta excluir a la gente sino todo lo contrario, que habla mucho y se muestra tal y como es, pero hasta un punto,llegado el cual muy poca gente puede entrar porque soy hermética y extremadamente celosa de mi vida privada. Puede que haya gente que crea que eso es incompatible con tener mil millones de redes sociales, pero no estoy de acuerdo, porque aquí cuentas lo que quieres y hasta dónde quieres, y a partir de ese punto sólo se pueden hacer conjeturas. Conozco a muchísima gente, pero pocos, muy pocos buenos amigos, supongo que porque soy muy precavida a la hora de otorgarle ese "privilegio" a alguien, aunque a veces hay gente con la que, sin saber por qué, conectas de una forma casi instantánea, como si te conocieses de una vida anterior o algo así.
Por eso cuando me equivoco con alguien, cuando una persona no resulta ser como esperabas, el palo resulta tan gordo. Supongo que todos nos hemos pegado algún que otro palo de este tipo, yo en concreto dos. El primero lo superé malamante, pero como tenía a mi lado un chico que me quería mucho, eso me ayudó a sobrellevarlo. El segundo fue peor, porque fue el resultado de muchos años de amistad, que acabaron derivando en algo más que finalmente terminó como un auténtico desastre. Por el camino perdí la esperanza en la humanidad (suerte que a veces consigo recuperarla), 7 años de mi vida, y también me perdí a mí un poquito. Pero también aprendí cosas valiosas para mi vida, que me han hecho crecer a nivel emocional y creo que hasta ser mejor persona, esas de las que hablaba al principio. Lástima que para resurgir cual Ave Fénix haya que quemarse primero.
La etapa más aciaga de mi vida se cerró hace algún tiempo ya, el día que descubrí que no merece la pena esperar algo de alguien cuando sabes que esa persona no va a cambiar, que va a seguir siendo egoísta, cobarde e inmadura, y que nunca te va a tratar como te mereces. Ese día fue en el fondo una liberación, porque aprendí a vivir con lo que podía esperar de mí misma, por poco o mucho que fuese, y a dedicar tiempo a la gente que me había demostrado que realmente lo merecía; y aprendí que una retirada tardía quizá no sea una victoria a corto plazo, pero a la larga en absoluto será una derrota. Tenía la lección bien aprendida, pero sólo de teoría, porque esa persona hasta me negó la posibilidad de poder realizar una prueba empírica...y este fin de semana era el exámen final, sin ensayos, sin posibilidad de revancha, jugando fuera de casa y con un jugador menos.
Yo iba preparada para lo peor, porque otra de las cosas que me ha enseñado la vida es que a veces aunque seas una persona optimista, es preferible ponerse en el peor de los casos y tratar de resolver mentalmente esa situación, ya que a partir de ahí la cosa sólo podrá mejorar, y si logras manejar la situación te vendrás arriba.
Y la manejé. Con una entereza que yo no imaginaba que pudiese tener, con una serenidad sorprendente. Y tras los primeros momentos de incomodidad, me vine arriba, y me crecí más y más; me crecí al ver que podía con eso y con que pudiese venir, que las heridas por fin habían cicatrizado, y ya no dolían...y me crecí al ver lo mal que estaba manejando la situación él, con torpeza y cobardía, pensando que los problemas se resolverán solos metiendo la cabeza debajo del ala, como aquel niño que se esconde bajo la sábana esperando que así desaparezca el monstruo que le acecha en sueños. Me crecí tanto que mi ego sobrevolaba la sala, era corpóreo y todo el mundo podía verlo, e irradiaba luz, calma, y felicidad. Y por un momento imaginé lo que habrían sido estos dos años con él a mi lado y veía más de lo mismo, la misma mierda de siempre, un camino a ninguna parte. Y sentí un profundo alivio, porque ya no duele, porque ya no es mi guerra.
