miércoles, 31 de agosto de 2011

Super Bock Super Rock 2011 (II)

Poco más y, como decía Xoansinho, dejo la entrada del blog para el año que viene. El motivo inicial de dejar pasar un tiempo fue que se me diluyese el calentón que me pillé con mi "ex-amiga" tuitera después de lo allí acaecido y el cúmulo de despropósitos posteriores, que ahora no vienen al caso. Y luego pues ya se sabe: el veranito, los findes de despiporre y la vida social hicieron el resto. En cualquier caso, para no aburriros, entremos en materia.


VIERNES

Al poco de levantarnos aparece por delante de nuestras tiendas (de paso, no os vayáis a pensar) uno de nuestros compis desaparecidos. Nos explica brevemente que se cambiaron de sitio porque no había hueco para la tienda de los recién llegados el día anterior, para que así ellos no se quedaran solos. Vagamente nos señala con la mano un "por ahí" indicando su nueva ubicación, hablamos de la noche anterior, de la hasta ese momento bastante deficiente organización y poco más. A estas alturas ya queda claro que cada grupo va a funcionar de forma autónoma.

Bea, María y yo optamos por volver a la playa, en autobús. Salimos por la puerta trasera esperando una cola kilométrica como el día anterior, pero andamos, andamos, y terminamos en la explanada principal de acceso al recinto. La frecuencia de los buses ha mejorado notablemente, pasan cada unos 5 minutos, así que en menos de 20 ya estamos montadas en uno camino de la playa. Estos portugueses serán poco previsores con eso de la afluencia del festival, pero lo que no se les puede negar es que se saben poner las pilas en tiempo record.

Me doy una ducha con simple y pura agua dulce en las duchas de la playa y la vida vuelve a ser maravillosa. Aún así, por si resultase posible una de verdad con agua y jabón, y también porque L.A.  tocan a las 19:45 y les tengo muchas ganas, emprendemos la vuelta al camping a eso de las 5 de la tarde.


Los buses siguen funcionando a buen ritmo y apenas tenemos que esperar que uno se llene para que llegue nuestro turno. "Brasil" sigue en la parada intentando hacer su agosto particular vendiendo cerveza helada y pijotadas varias para comer, y la verdad es que lo consigue...¿quién se puede resistir a una cerveza fresquita por 1 euro? Llegamos a la acampada en tiempo record y nos dirigimos a las duchas como alma que lleva el diablo, y esta vez sí, después de dos días, conseguimos darnos una ducha de verdad. Es indescriptible la sensación de estarse duchando mientras los Portishead a pocos metros hacen las pruebas de sonido y se oyen las notas iniciales del "Roads", casi diría que tiene algo de místico.


A la vuelta de las duchas me cruzo con el grupo de desaparecidos, y quedan en pasarse a buscarnos a las tiendas antes del concierto de L.A., aunque en realidad  nunca vienen. Las niñas y yo matamos en tiempo preconciertos a golpe de kalimotxo y cerveza. Esto ya por fin empieza a parecerse a un festival, y pienso que es una pena que, esa misma noche, tenga que abandonar Meco para llegar a tiempo a la boda de mi prima.


Mis compis deciden apurar un poco más las horas de bebercio, y yo me dirijo al escenario pequeño para ver a L.A. por primera vez. Les tenía muchas ganas, a pesar de que me gusta mucho más su versión "naked" del disco que  la guitarrera. El escenario está atestado de españoles, y por un momento me vuelvo a sentí como en casa, como si los estuviese viendo en el FDN o algo así.

                                                                                                                     L.A.
Los mallorquines salen a darlo todo desde el primer momento, y el público responde de la misma manera. La química entre grupo y público es brutal. Como diría mi amigo Isaías, es un grupo de discografía abarcable, así que poco a poco van cayendo todas sus canciones mientras comienza a hacerse de noche. Puede que el previo etílico haya ayudado, pero disfruto del concierto como una enana.


Me reencuentro fugazmente con Bea y María, pero yo ya estoy en plena fase de enajenación: primeras filas, mi única obsesión, así que después de una breve charla y la visita de rigor al WC salgo corriendo al escenario principal y así ir tomando posiciones para los platos fuertes de la noche.


No es mi primera vez viendo a The Gift, y recuerdo haber disfrutado mucho el otro concierto, pero esta vez no me acaban de llegar. Pasan los minutos y aunque la chica lo da todo la verdad es que más allá de su potente voz no me dicen nada, y por momentos hasta me aburren. 

                                                                                                                 The Gift

Me he tomado tan en serio la tarea de conseguir un buen sitio que ya estoy a cuatro filas escasas de la valla, justo detrás de la zona VIP, ese reducto de afortunados que no tienen que pelearse por tener el escenario justo delante. Me dedico a confraternizar con mis vecinos de al lado, uno dice ser piloto de líneas aéreas, le digo que soy de Galicia y me pregunta si queda al sur de España; el chico es majo, pero me parto de risa para mis adentros.


Llega la hora de uno de los platos fuertes de la noche: salen a tocar Portishead y se hace un silencio sepulcral. Os aseguro que ni en mis mejores sueños esperaba poder disfrutar de su concierto así, sin oir a nadie más que la voz rota de Beth acompañada por el resto de la banda. La actuación se complementa con un maravilloso trabajo audiovisual que entremezcla imágenes del directo con animaciones claustrofóbicas, imágenes de paisajes vacíos y deshumanizados, y psicodelia.Todo ello contribuye enormemente a crear un ambiente denso y emocionante. Beth canta como si sufriese de una manera extrema y se fuese a romper en cualquier momento, y hay instantes que se me encogía el corazón como hacía tiempo que nadie conseguía en un concierto, a puntito de llorar me tuvieron en un par de ocasiones.



El concierto alcanza su punto álgido con el archiconocido "Roads", y lentamente nos van sacando del trance hasta que llega a su fin. Me quedo con la sensación de que he visto algo muy grande,y sin ninguna duda ha sido mi concierto favorito del festival.

El ambiente se caldea en el descanso previo a los cabezas de cartel. A duras penas logro tocar la valla con el firme propósito de no soltarla en lo que queda de noche. En el escenario se monta una especie de carpa circense y aparece un cartel  luminoso emulando a los de los cines de antaño en noche de estreno.


                                                           Previo a la actuación de los de Montreal

Me cuentan mis compis de concierto que la gente en Portugal les tiene muchas ganas. tenían una actuación prevista hace unos meses, que iba a ser su primera visita a nuestro país vecino, pero el concierto se suspendió por motivos de seguridad ya que coincidía con una cumbre internacional de jefes de estado. Los ánimos se caldean y los huecos se vuelven inexistentes. Apuro mi cerveza mientras espero que salgan, y el hermano pequeño del cantante, Will Butler (ay, omá) se encarga de amenizarnos la espera protagonizando una especie de número en el que los guardas de seguridad lo persiguen como si se tratase de un espontáneo que ha saltado al escenario. 


Por fin salen los Arcade Fire y la gente se vuelve loca, y yo con ellos. Es mi segundo concierto en menos de un año, pero lo vivo con la misma ilusión y emoción que el primero. 


Los de Montreal, como siempre, se dejan la piel en el escenario, sobre todo mi adorado Will, que nos deleita con unas peligrosas maniobras de equilibrio encima de un taburete mientras se dedica a aporrear su tambor...por algo apodan a este chico "the cereal man"


                                                                          Will Butler en todo su esplendor
Nos dejamos la voz aullando cada "uooooooooohhhhhh" y cada "uuuuuuuuuuuhhhhhh", porque está claro que si vas a un concierto de Arcade Fire y no haces eso es que estás muerto. 



Todos sus temazos van pasando por el escenario,y dejan para el final su himno por excelencia, "wake up". Si había alguien que aún no había cantado lo hace ahora, y todos nos dejamos la voz en ello, como si no hubiese un mañana. Will lanza las baquetas y una me da un buen hostión en la cabeza, pero yo lo amo igual. Antes de que me de tiempo a reaccionar ya hay dos chicas agarrándola cada una por un lado luchando por quedársela. Yo quiero seguir disfrutando del concierto, esa no es mi guerra.


El concierto toca a su fin con el "Spraw II" , una de las canciones más queridas del último disco, Y Régine se luce cantando y bailando con unas cintas de colores, como si de una bailarina zíngara se tratara. La voz de esta chica siempre me ha parecido flojita, incluso con tendencia a desafinar por momentos, pero no se puede dudar que tiene algo especial que suple todas sus carencias.


Se termina el show y poco a poco la gente empieza a abandonar la polvorienta explanada. he de decir que delante de todo se respiraba perfectamente, aunque en alguna ocasión que miré hacia atrás resultaba  bastante difícil ver algo. Cuando me alejo las dos chicas todavía siguen peleándose por la baqueta, para exasperación de sus acompañanantes.


Recargo las pilas comiendo algo y rehidratándome a base de Super Bock, no podía ser de otra manera. La gente se empieza a mover hacia la carpa electrónica, otros hacia el camping o a reponer fuerzas como yo. Disfruto de mis últimos instantes festivaleros antes de emprender la operación regreso.


Muchas veces había montado la tienda de noche, pero desmontarla es otra historia, y esta noche tocaba. Son las 3 de la mañana y a las 4 y media debo coger un bus camino de Lisboa. La situación me da una pereza brutal, así que me lo tomo con calma, que no son horas de andar estresada. Les dejo una nota de despedida en la tienda a las niñas, pero antes de que me vaya ya están de vuelta, "es que esto de ir de festivales es muy cansado"...ay, esta juventud! 

Me bajo del bus y emprendo la caminata hacia la estación de Sete Ríos. Son unos 20 minutos andando, y estoy cansada, pero aún así decido caminar para hacer tiempo.Mi bus no sale hasta las 9 y voy a tener tiempo de aburrirme. En la estación intento adecentarme como buenamente puedo, me limpio el polvo a base de toallitas húmedas y de pronto pierdo moreno. Me siento en el suelo con mi mochila y vuelvo a sentirme una jovenzuela mochilera camino de esos veranos en un campo de trabajo en un rincón perdido de la península. Me caigo de sueño, pero no logro dormir, no hay ni un solo sitio cómodo en toda la estación...¿por qué coño las estaciones de autobús son siempre unos lugares tan decadentes?. Por fin abren la cafetería y decido matar el tiempo desayunando, pero la cafetería sigue la línea de chunguez del resto del edificio, y encima está llena de palomas que campan a sus anchas por el interior.


Por fin dan las 9 y llega mi bus, me siento en uno de sus confortables asientos de cuero y caigo rendida a pesar de las voces que pega un señor. Cinco horas después llego a Mérida. Fin


Hasta el año que viene, Super Bock.