miércoles, 4 de enero de 2012

Por pedir...

Supongo que hay épocas del año que incitan más que otras a reflexionar sobre nuestra existencia, hacia dónde vamos, y cuánto nos estamos desviando del camino ideal trazado. Una de ellas, heredada de la época estudiantil, y también de mi aversión al invierno, se produce al final del verano; la otra, por estas fechas. Imagino que eso de que todo el mundo se dedique a plantear sus buenos propósitos de año nuevo, a cerrar las cuentas de la empresa, y la cantidad de programas con lo mejor y lo peor del año que atiborran la tele estos días, incitan bastante al tema. Y claro, una no es de piedra, sobre todo en lo que a darle vueltas a la almendra se refiere, así que entre comilona y comilona, entre resaca y resaca, me dedico a cerrar mi año e inaugurar el nuevo lo mejor que puedo.

Si tuviera que definir mi 2011 sería un poco el quiero y no puedo de mis últimos años. Después de una época bastante convulsa de mi vida, por fin en el 2010 se hizo la paz, lo que se tradujo en el abandono de mi estatus de estudiante a primeros de 2011, y a partir de ahí mil y un planes de irse a un sitio o a otro, mil y un intentos fallidos, y al final todo quedando un poco en humo. Hay que decir que ha sido un año bastante tranquilo en lo personal, quizá demasiado; si yo fuese de otra manera me habría deslizado plácidamente por sus quietas aguas, pero la realidad es que por momentos  tanta tranquilidad me ha llegado a desquiciar. Cada día tengo más claro que me aburro con una facilidad pasmosa, y que cuando estoy metida en mil líos ansío un poco de paz con todas mis fuerzas, pero en cuanto llega una etapa valle en mi vida, la sed de aventuras y emociones fuertes me puede.

No es que no haya habido momentos grandiosos, que los ha habido, pero rara vez se ha dado esa maravillosa conjunción de "diversión+amistad+actividad que sirva de nexo de unión" que tanto mueve mi mundo. He festivaleado, sí, pero los que musicalmente me han llenado, no lo han hecho a otros niveles, y en los que he disfrutado como una enana la música la mayor parte de las veces ha sido algo secundario. Por lo general este año ha sido más de momentos puntuales que de grandes aventuras de varios días, y sin desmerecer a los presentes, he de decir que he echado a mucha gente de menos, tanto a los que estaban físicamente lejos como a los que por unas cosas u otras he sentido más lejos aún. No me gusta mirar al pasado con melancolía, pero sí que he pensado muchas veces a lo largo de estos meses que hubo tiempos mejores, y aunque sigo enriqueciendo mi vida con nuevos fragmentos que la hagan aún más poliédrica, me fastidia que algunas caras tan queridas de ella hayan perdido protagonismo, o ya no encajen conmigo misma como antaño.

Un año nuevo es como una hoja en blanco.
Sólo necesitamos llenarla de borrones que la hagan única, irrepetible

Así que si tuviera que pedirle algo a este año que acaba de empezar, le pediría que me agite por dentro y por fuera, que no pase de largo casi de puntillas y se convierta en uno más del montón, que me lleve a mis límites para demostrarme una vez más que los límites están ahí para superarlos, que me haga caer exhausta de aventuras, y me arrastre con violencia obligándome a aferrarme a la vida con uñas y dientes, para luego mecerme con dulzura y darme a  saborear  la gloria, demostrándome una vez más que tras la tormenta siempre acaba volviendo la calma, porque como dice esa famosa canción "I still haven't found what I'm looking for"