Si hay algo que me está enseñando el 2012 a marchas forzadas es a ser paciente.
Creo que soy una persona bastante consciente de sus virtudes (y defectos), y está claro que la paciencia nunca ha sido una de ellas. Siempre me ha atacado bastante los nervios eso de sentarme a esperar que las cosas se sucedan, ese sentir que en cierto modo la situación se te escapa; supongo que me hace sentir insegura, y por tanto, vulnerable.
Es tremendamente curioso el componente psicológico del tiempo. Quiero decir, es un valor concreto y medible, sin embargo nuestro estado mental puede hacer que nuestra percepción del mismo se deforme enormemente: días que no tienen fin, semanas que pasan volando...Pero si te paras a racionalizar lo suficiente, te das cuenta que en realidad es solo eso, una medida concreta, un lapso de tu vida que acabará por pasar, y tras el cual solo quedarán los recuerdos.
Todo esto viene a cuento con todo lo que está pasando este año, y por cómo he aprendido a tomarme las cosas. Ya no me estreso si un finde me quedo sin salir porque no tengo un plan definido, soy consciente que enganchar al carro de unas vidas que están ya en marcha cuando tu acabas de llegar no siempre es fácil, y que por mucho que quieras hacerlo, las cosas deben salir de manera natural. Si no te has podido subir al tren en esta estación, seguro que podrás hacerlo en la siguiente... puede que el tren no lleve al mismo lado, pero a veces lo único que importa en realidad es moverse.
Tampoco me estresa ya el tema del juicio y los plazos que se dilatan. Supongo que ha pasado tanto tiempo desde el robo que he conseguido ver un poco todo desde fuera. Y claro que quiero recuperar mis cosas, pero ya no me va la vida pensando en si será una semana antes o después. Supongo que en cierto modo me he acostumbrado a vivir sin ellas, aunque lo del ordenador siga siendo la madre de todas las jodiendas. (menos mal que Quique me prestó este objeto de museo desde el que estoy escribiendo). Después de todo, la venganza es un plato que se sirve frío.
Llevo 5 meses sin mi minino y creo que me he acostumbrado a la situación. No es que ahora lo quiera menos, pero el hecho de saber que está bien, que no hay una necesidad urgente de traerlo, que está la mar de feliz en su nuevo hogar; hasta casi se podría decir que ni siquiera me extraña (snif!) hacen que no me agobie. Nunca he pasado tanto tiempo separada de ese bicho peludo, pero las cosas a veces suceden así, y hay que dejarlas correr. Parece que por fin en tres semanitas nos reencontraremos :)
Y curiosamente tampoco me estresa el hecho de pensar que me quedan "n" meses sin poder escalar, ahora lo importante es curar la patita. Supongo que el hecho de no poder escalar en exteriores en este plano país ayuda bastante a aplacar el mono, pero en realidad me he dado cuenta de que hay muchas otras cosas que me gusta hacer, así que tampoco está tan mal aparcar una afición una temporada para así tener más tiempo para otras. Preveo que me voy a hinchar de jugar a wargames, y también tendré más tiempo para dedicarme a aprender holandés, enviar currículos...Eso sí, cuando mi patita me lo permita y el pie izquierdo vuelva a ser del tamaño de antaño, voy a regalarles unos pedazo de gatos nuevos de esos que te compras sin mirar cuanto cuestan, en plan capricho total.
Está claro que este verano no ha sido como esperaba, pero tambien es cierto que el tiempo le quita hierro al asunto. Aunque aún sufra las secuelas del accidente, ya puedo reirme un poco de ello, y tomarlo con calma siendo positiva y viendo que cada día avanzas un poquito más, que estás más cerca de volver a estar bien. Mi primer gran logro fue poder apoyar el pie, la segunda conquista perder una muleta de vista y volver a tener cierta autonomía para poder hacer pequeñas labores cotidianas. En breve diré adios a la hermana gemela, y cuando pueda volver a andar en bici seré totalmente feliz. Comedia=drama+ tiempo, no? Pues eso, que hacía falta tiempo, no sé por qué alguna gente pretendía que me saltase los pasos anteriores y pasase directamente a reirme de la situación. No sé por qué la gente se empeña en saltarse siertos procesos vitales atropellándolo todo, enlazando una etapa con otra sin un respiro. De un modo u otro esas cosas terminan por pasar factura.
Este verano no ha habido tardes de escalada hasta el anochecer, ni festivales, tampoco demasiadas juergas, pero aún así ha tenido sus momentos épicos,y si tuviera que elegir sin duda me quedaría con estos tres que voy a tratar de reproducir:
-Amsterdam,16 de junio: Una caravana de niños totalmente borrachos baja en bicicleta desde Leidseplein hacia un lugar por determinar. Nuestro guía empieza a cantar las primeras estrofas del "Wonderworld" de Oasis. El resto de niños se unen a la canción. Bajamos desgañitándonos por los canales, es una mezcla entre los bicivoladores y E.T. Todo vuelve a estar bien.
-Coruña,23 de junio: Vuelta a casa+San Juan+amigos+alcohol+mortadela+amanecer en la playa=pedazo de fiestón. Aunque sin duda, de todas las absurdeces que hicimos esa noche me quedo con la caminata de los walking dead camino de las Lapas y con la búsqueda de "las cabezas"...eran las suyas o las nuestras?
-Coruña,9 de agosto: Mi segundo juergues pudiendo apoyar la patita. El bingo, el licor café y la compañía me hacen tener la suficiente fuerza moral como para decir mi mítica frase de "vamos al Playa". Me encanta cuando soy una descerebrada y alguien me secunda. Y bailo apoyada en una barandilla, y me desgañito cantando, y por un momento me olvido de que estoy tullida y vuelvo a ser completamente feliz.
Si habéis estado ahí, gracias. No hace falta dar nombres, ya sabéis quienes sois. :)
Y como decía aquella canción: todavía estoy despierta.