Domingo. Son las 11 de la mañana y me despierto en algún lugar por determinar de Bos en Lommer.
Anoche no estábamos para muchas fiestas: yo, con un resfriado del 15, otros con mal de amores, así que después de pasarnos por aquella infame fiesta de expats y parar en una whiskeria a tomar la ultima, decidimos emprender retirada.
Al final acabamos comprando hamburguesas con todas las salsas posibles (creedme, en este país eso es mucho) , comiendo pipas tostadas con salsa de curry, bebiendo cerveza y viendo capítulos de "2 hombres y medio". Supongo que es una fiesta de pijamas al estilo chicos, o algo asi.
Sorprendentemente me entero de casi todo a pesar de la ausencia de subtitulos y la ingesta de alcohol previa. Me quedo dormida y al rato alguien tira de mi brazo y me lleva a dormir como si fuese una niña pequeña. Me quedo frita al instante.
Hace dos semanas estuve de visita fugaz en Coruña , y todo fue maravilloso: largas conversaciones con amigos, fiesta y maldades hasta bien entrado el amanecer, exaltación de la amistad hasta cotas inalcanzables... Durante tres días te olvidas de todo y desearías que ese pequeño oasis en tu cotidianidad no se terminase nunca , y te llegas a plantear por que coño lo has dejado todo y te has largado a vivir tan lejos de toda esa gente que quieres, que te importa, y con la que todo es tan fácil y solo tienes que dedicarte a ser tu mismo. Es el truco mental de nuestro cerebro, algo de lo que hablamos mucho esos días. Nuestra memoria es selectiva porque nuestro cerebro no puede almacenar toda la información de nuestra vida. Es una computadora potente, pero no tanto, y para no saturarse debe descargar información, y como en el fondo es un poco hedonista, pues tiende a quedarse con lo bueno y desechar lo malo. Así que claro, vuelves a casa un finde y esa sensación de bienestar de acentúa : los amigos, el sol, la playa a 5 minutos de casa, la montaña... y no te acuerdas de lo jodidamente atrapada que te sentías en tu vida pasada, sin acabar de encontrar una salida, desencantada y sin esperanza de futuro. Es como cuando recuerdas aquel ex-novio que te dio tan mala vida durante tanto tiempo, al que al final, con el paso de los años, solo recuerdas por lo mucho que te hacia reir, por lo que hizo que en algún momento estuvieses enamorada de el.
Cuesta mucho racionalizarlo todo en ese momento y no dejarse llevar por esa maravillosa sensación de tranquila felicidad. Pero tratas de hacer un ejercicio de reflexión y recordar aquellos meses buscando trabajo debajo de las piedras, asqueada con la vida en general, sin esperanza, y te das cuenta que la única manera de que Coruña se detenga en esa capsula temporal de felicidad es venirte de vacaciones, o al menos así es como veo las cosas por ahora. Asi siempre sera maravilloso, perfecto e intenso, siempre te quedaran mil cosas con hacer que harán que desees volver en cuanto tengas ocasión.
Recuerdo también el finde previo al viaje a Coruña, con la visita de los Piticlis; las borracheras a horas tempranas, mis primeros segundos paseos en bici sorteando obstaculos a altas horas de la noche, los bares cerrados, las risas. Al final te das cuenta que lo importante no es el lugar, son las personas, y que volver a tener a esas personas en cualquier otro lugar del mundo sigue siendo igual de maravilloso.
Amanece en las tierras bajas. Todos volvemos a dar señales
de vida poco a poco. Es una cosa que aprendes a valorar cuando llevas
tiempo viviendo solo, el tener visita, o ser el invitado, y quedarte
dormido de cháchara en un sofá, o levantarte a la mañana
siguiente y tener alguien con quien desayunar. Vale que este
compartiendo piso y viva con gente, pero uno de mis compis viaja mas que
tiempo esta en casa, y los otros dos son una panda de siesos. Adoraba
vivir sola, creedme, es algo que deseo poder volver a hacer en un futuro
no muy lejano, pero cuando estas a tantos kilómetros de tu familia y
amigos el contacto humano adquiere connotaciones increíbles, mas si
estas en un país donde lo normal cuando te presentan a alguien es que le
des la mano, y ya.
A
tus amigos los besas, claro, y para compensar esa ranciedad inicial les
das tres besos, así poco a poco les vas devolviendo con creces esos que no les diste
la primera vez, y los estrujas, mucho, porque aquí tambien son muy de estrujar a sus amigos, igual es cosa del frio o algo, o que como estas lejos de casa aprecias mucho mas la proximidad fisica
Emprendo
el camino de vuelta a casa, en bici, claro. Hace sol y hasta un poco de
calorcito. Pedaleo despeinada con mi falda de tul rollo Cindy Lauper y
el maquillaje de la noche anterior en estado deplorable. Es todo muy de
video musical de los años
80. La bici lleva haciendo ese ruido infame desde hace días, pero hoy
no me importa, esta mañana me da igual. Pienso en todas las cosas que han pasado
en tan poco tiempo, y en lo poco que queda de aquella niña
que llego a Schiphol hace 6 meses totalmente aterrorizada. Me
abruma esta certeza absoluta de querer quedarme aqui por un tiempo.
Cuanto? No lo se. Solo se que parece que por fin las piezas encajan, que
el puzzle empieza a resolverse, y quiero quedarme a terminarlo.
4 comentarios:
Limpia la cadena ;)
No es la cadena, creo, es la rueda que roza contra el guardacadenas porque se ha descentrado un poco (como yo XDDD)Pero como estoy perezosa pues asi seguimos
el cerebro nos protege
Totalmente
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