miércoles, 6 de noviembre de 2013

Fases en la vida de un expat

El enamoramiento

Llegas a un sitio nuevo y te rodea lo desconocido, todo es nuevo y excitante. Te fascina ir descubriendo poco a poco los secretos de tu nueva ciudad; cada día es un hallazgo y una sorpresa; y aunque el sitio no sea perfecto en absoluto, la verdad es que no eres capaz de encontrarle demasiados defectos. Estás totalmente enamorado de ese lugar, claro que echas de menos a tus amigos y familia, pero es un pequeño tributo a pagar por vivir en un sitio tan maravilloso.

Los pies en la tierra

Pasan unos meses, un período de tiempo prudencial, y empiezas a ver todo de una manera más racional. La ciudad sigue siendo maravillosa, pero no es perfecta, y eres capaz de encontrarle inconvenientes. Las comparaciones con tu lugar de residencia anterior son inevitables, y tu nuevo destino no siempre sale bien parado. Echas de menos a tus amigos, a tu familia, y esas pequeñas cosas que no sabías que eran tan importantes de tu anterior hogar...hasta que ya no las tienes.


¿Qué coño hago yo aquí?

Los defectos son cada vez más visibles. Posiblemente lleves ya cerca de un año viviendo fuera, y hay momentos en los que te levantas y no puedes dejar de preguntarte por qué estás tan lejos de tu familia y amigos, de esas pequeñas cosas que amabas de tu vida cotidiana. Piensas cada vez más en hacer la maleta y volverte a casa, no es que el sitio sea una mierda así de pronto, pero parece que cada vez encajas menos allí.
Es odio (y amor) en estado puro, y cuando te quejas de algo lo haces con amargura. Odias mucho a todos los que te han puesto en esta situación, llámese crisis, el gobierno, o incluso tú mismo. Echas de menos a tus seres queridos de una manera que duele, y escaparte unos días a ver a tu gente es el mejor regalo del mundo. Si decides hacer la maleta y pirarte justo en ese momento, es probable que no quieras volver a pisar ese lugar en años

La aceptación de la realidad

Tu nueva ciudad tiene defectos, sí, pero también ventajas.Hay cosas que no funcionan bien aunque al principio te diese la impresión contraria; pero la ciudad sigue teniendo la capacidad de sorprenderte, y si te paras a pensarlo friamente, lo bueno sigue compensando a lo malo. Es un sitio que amas, imperfecto, como tú, y quizá eso también le de un toque de realidad. Si todo fuera perfecto, todo el mundo se vendría a vivir aquí, ¿no crees?. Tu corazón está dividido entre lo que has construído aquí y lo que has dejado atrás, y te das cuenta de que hagas lo que hagas, un pequeño trozo de ti pertenece a cada uno de esos sitios.


Las fases 3 y 4 fluctuarán de manera irremediable en función de tu estado de ánimo, la estación del año (o quién sabe qué otro motivo) por el resto de tu estancia.


Cosas que echo de menos o me exasperan

Dejando de lado cosas tan obvias como la comida y los seres queridos, os diré que lo que más echo de menos sin duda son las montañas. Este paisaje es aburrido hasta la saciedad; y para una amante de la escalada como yo, se hace muy duro no tener ni una triste piedra a la que encaramarse.

También echo de menos los acantilados, las playas de agua cristalina, y el bravo sonido del Atlántico batiendo contra la costa en un día de temporal.

Echo de menos la espontaneidad de la gente. Aquí si quieres organizar una fiesta tienes que avisar con semanas de antelación; de otro modo es posible que ya tengan otros planes. Esas liadas absurdas un día que no había ningún plan en concreto, se convierten en momentos maravillosos, ya que lo normal es tener tu agenda totalmente ajustada, y a veces quedar con alguien se convierte en un suplicio de incompatibilidades varias...a veces me siento como si todos fuésemos ministros, en serio.

Después de vivir aquí más de año y medio debo deciros que a los españoles nos pierde las humildad, la mal entendida...o quizá esto sea un mal gallego. Algo que me exaspera de los holandeses en general es están demasiado encantados de haberse conocido, son los mejores en su campo y los saben hacer todo, aunque luego te pongas a trabajar y te des cuenta de que hay mil cosas de las que no tienen ni idea...pero si los oyes hablar tu ego empezará a encoger porque no te ves a la altura de tanta eficiencia y fuente de conocimiento.

Odio que el servicio en hostelería sea tan sumamente pésimo que muchas veces parezca que el camarero te está haciendo un favor por atenderte, y encima que muchas veces tengas que pagar por usar el baño de un sitio donde has consumido.

Me pone de muy mala leche eso de la "membresía" en las salas de conciertos. Pago mi entrada, me cobráis una comisión por pagar, use el sistema de pago que use; y encima tengo que pagar la membresía mensual de la sala para poder entrar al concierto. Es de coña (o no).

Y como fiestera que soy, echo de menos que a las 5 de la mañana no haya un solo sitio a donde puedas ir para continuar de fiesta. No entiendo cómo puedes comprar legalmente un gran abanico de sustancias psicotrópicas; darte un paseo por el barrio rojo, donde la prostitución es algo totalmente normalizado y a la vista de todos, y luego no eres capaz de encontrar un maldito bar abierto.

Amsterdam es un sitio muy turístico (demasiado), y eso a veces convierte el centro de la ciudad en una pesadilla para los "locales".

Cosas que adoro

Ir a todas partes en bici, llueva, truene o caiga una nevada. Especialmente cuando sales de fiesta con tu grupo de amigos y acabas haciendo una caravana de bicicletas. Me siento un poco como en los Goonies, o en E.T. (y me encanta).

La sensación de seguridad. Es un lujo vivir en una capital europea y poder volver a casa por la noche atravesando un parque sin jugarte la vida.

La multiculturalidad de mi grupo de amigos, lo mucho que aprendes de cada uno de ellos a pesar de lo diferente que ha sido nuestra educación y nuestras vidas... o más bien gracias a eso.

Poder vestirte como te da la gana sin que nadie te mire raro (aunque vayas disfrazado y no sea ni Halloween ni Carnaval)

La oferta cultural. El problema no es que no haya nada que hacer; al revés, hay demasiadas cosas ocurriendo a la vez, es una elección constante, y muchas renuncias por falta de tiempo (y dinero, claro) La cultura se promueve desde las instituciones públicas, es un bien accesible, y esta ciudad es un hervidero de cosas interesantes.

Lo bien situado que está el país para viajar. En hora y pico estás en Bélgica o Alemania; en menos de tres horas en Francia o Luxemburgo.

Los lugares underground, espacios reutilizados y autoconstruídos; esos pequeños tesoros escondidos en una antigua fábrica, o en el medio de un polígono industrial que acaban dejándote con la boca abierta.

Ya sé que antes me quejé de la falta de espontaneidad y la excesiva organización. Sin embargo, llega el buen tiempo y la gente sale a la calle a celebrarlo como si fuese el último día en la tierra; se organizan barbacoas en toda la ciudad y prácticamente te mudas a vivir al parque. He hecho más barbacoas este año que en toda mi vida junta.