Recuerdo los meses antes de mi llegada a Holanda, antes incluso de saber dónde íbamos a acabar mi maleta y yo.
Recuerdo esa sensación de no querer atarme a nada ni a nadie para evitar más lastre emocional del que ya tenía; meterme en mi burbuja y cerrarla al mundo para mantener cierta distancia emocional que me permitiese tomar las decisiones con la cabeza. Yo me quería ir, necesitaba un cambio, el lugar daba un poco igual, aunque el destino quiso que acabase en el puesto número dos de mis lugares favoritos elegidos.
Alguien me dijo poco antes de marcharme "en realidad tú hace mucho que te has ido ya", ¡cuánta razón había en esas palabras!, la verdad es que mi mente ya vagaba sin rumbo por el mundo, soñando con nuevos retos y aventuras fuera de su zona de confort.
Fue muy gracioso descubrir al llegar aquí, sin embargo, que mi mente estaba aterrada y trataba de mantener todos los vínculos emocionales posibles con mi anterior vida: llamadas a skype a toda esa gente que quieres y dejaste atrás, echar de menos lo que perdiste a todas horas... La vida es muy irónica, y al final todo ese lastre emocional que me empeñaba en dejar en Coruña, se vino conmigo, y aprender a dejarlo ir fue una de las lecciones más dolorosas que tuve que aprender.
Han pasado muchas cosas desde entonces; me he construído una vida aquí y podría decir sin lugar a dudas que venirme a Amsterdam fue la mejor decisión que pude tomar en su día, que me he sentido más viva en estos dos años de lo que me he sentido nunca; pero sin embargo, vuelvo a tener otra vez la misma sensación: mi mente ya no está aquí en cierto modo.
Ha sido un proceso lento y sutil; y darme cuenta que no estoy poniendo todo el esfuerzo que debería en encontrar trabajo aquí, ha sido la señal que me ha hecho ver que puede que sea porque en realidad ya no tengo tantas ganas de continuar esta aventura, al menos no a toda costa.
Así que mi confuso cerebro, totalmente desbordado, trata de hacer lo humanamente posible para que mi mente y yo nos materialicemos en el mismo punto del espacio/tiempo y yo deje de sentirme como Bran Stark cuando entra en trance. Supongo que solo se trata de una cuestión de tiempo (y coraje) que salga de mi actual zona de confort y empiece a asumir nuevos retos, retos que aún desconozco, pero que estoy segura que quiero vivir contigo a mi lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario