martes, 11 de octubre de 2011

Adrenalina

Reconozco que llevar 3 semanas en barbecho sin poder escalar me tiene totalmente trastornada. He llegado al punto de pensar en acercarme al rocódromo a dar unos pegues solo para ver cómo se porta mi dedo, para una décima de segundo después decirme a mí misma "no, María, no es una buena idea", y seguir aquí envenenándome en casa mientras me llegan mensajes de todo cristo aprovechando este segundo veranito que no has regalado el cambio climático.

Ya sé que muchos de vosotros no entenderéis esta enfermiza afición nuestra a encaramarnos por paredes sin otra finalidad que la de llegar arriba porque sí, porque te lo has propuesto y quieres lograrlo, porque quieres vencer tus miedos, controlar la situación y demostrarle a ese trozo de roca de lo que eres capaz para que ella juzque, siempre justa e implacable, si eres merecedor de disfrutar de esa línea en particular y no de otra. Yo no me considero para nada una persona mística o espiritual, pero lo que está claro es que nunca me he sentido más en armonía con el cosmos, más centrada, despierta y alerta de lo que me he sentido algunos días escalando.

Creo que sólo podréis entender de qué estoy hablando si habéis probado esa mezcla explosiva de adrenalina y control mental, ese extraño cóctel que te hace sentir alerta y a la vez consciente de que eres tú el que tiene la sartén por el mango, porque al fin y al cabo todo se reduce a eso: a controlar la situación, los nervios, a que el resultado dependa solo de ti. En la vida ya nos enfrentamos a demasiadas situaciones que se nos escapan de las manos en las que solo podemos tratar de capear el temporal como mejor sepamos o podamos, pero hay demasiados factores externos que condicionarán nuestro éxito o nuestro fracaso. En la escalada no: lo que hay es lo que ves, está justo delante de ti, desafiándote, y tu arma para retarle en un cara a cara eres tú mismo. Y luego está tu compañero, esa persona de quien puede depender tu vida, tener que confiar así en alguien no es fácil, claro está, y al menos en mi caso influye muchísimo en mi manera de escalar; pero, creedme, depositar semejante confianza en alguien me hace recuperar la esperanza en la humanidad.

Escalando en el Eume con Germán la Punky Power
Cosas malas que me ha dado la escalada:
-Arañazos, moratones y cicatrices
-Alguna que otra mojadura
-Un esguice de tobillo
-Una fisura en el coxis
-Dos grapas en la cabeza
-Miedo, mucho miedo

Cosas buenas que me ha dado la escalada:
-Amigos
-Conocer sitios preciosos
-Atardeceres de ensueño
-Valorar el maravilloso sabor de una cerveza fresquita después de un largo día dándolo todo
-La satisfacción de ver que, a pesar de pasarlo mal, lo has logrado
-Fuerza interior

La verdad es que estoy deseando que mi dedito deje de quejarse un poco para volver a desafiar a la gravedad en medio de una pared, os aseguro que mi salud mental (lo que queda de ella) está en juego.

No hay comentarios: