miércoles, 29 de febrero de 2012

Vivir un sueño

Siempre me ha fascinado viajar.
Cuando era peque mis padres y yo pasábamos las vacaciones de verano perdidos por sitios remotos con la tienda de campaña. Su mes de vacaciones lo dedicábamos a ir de pueblo en pueblo, de playa en playa, en busca de sol. Así conocí Louro, Ézaro, y otros sitios maravillosos de la costa gallega y lloré cuando no nos dejaron entrar en Portugal porque yo no tenía pasaporte y tuvimos que conformarnos con Vigo y la Illa da Toxa.
Luego crecí, y vinieron los campamentos de verano, mis primeros viajes sin padres, conocer lugares y gente nueva y empezar a experimentar con la adrenalina. En la Sierra de Béjar hice mis primeros pinitos con un parapente, mientras aprendía lo que era el amor y el desamor de verano. Y vi a la tuna salmantina rondar a las mozas en la Plaza Mayor, y la fábrica de aquellas famosas galletas en Aguilar de Campoo. Descubrí que no todo en Castilla era feo y seco.
Y la tienda canadiense familiar se transformó en una tienda chalet que una vez al año echaba raíces por la costa levantina, yo seguía viajando con mis padres, y la comuna crecía, ahora también se venían mis primos y tíos, y vinieron las primeras aventuras sin permiso paterno, escaparse en bici a las calas cercanas, y las expediciones nocturnas. Y viví mi primera evacuación tras una riada.
La niña siguió creciendo y las vacaciones familiares se aburguesaron un poco, cambiamos la tienda chalet por el chalet a secas,o el hotel. Y odié guirilandia (aka Benidorm), y viví mi primera borrachera en Roquetas de Mar.
Pero aquello ya era el fin de una era. El pajarillo quería volar solo. Y vinieron los campos de trabajo en lugares en medio de la nada, en pueblos perdidos donde lo más importante no era dónde ibas a vivir, sino cómo ibas a vivir. Vivir la aventura, vivir con lo mínimo,en medio de la naturaleza, dormir al raso y despertarte en medio de la noche y solo ver estrellas y los ojillos de un zorro que te miran curiosos en la Sierra de Peñalara. Y me enamoré de Euskadi, y de los vascos. Y volví allí una y mil veces, volvería allí una y mil veces.
Luego viajar en cierto modo dejó de ser un placer para convertirse en una necesidad, un modo para estar con esa persona en particular, y todo giraba en torno a ahorrar dinero para poder viajar. Y tuve que dejar de comprar cds para poder ahorrar, me enamoré de Madrid, y nuevamente de Salamanca, y me disgusté bastante porque no me dejaron que Granada fuese lo que yo quería que fuera.
Por aquella época viajar se volvió un recorrido por la geografía gallega y sus fiestas populares, porque yo me convencí a mí misma de que antes de ver mundo fuera había que descubrir los tesoros cercanos. Y a mis veranos volvió la tienda de campaña, está vez la mía, más modesta, un simple iglú, acompañada de mi forito Fulgi. Y le enseñé Portonovo, y Ortigueira, y me llevó a ver a Los Planetas a Palas de Rey, descubrí la mariña lucense, y la costa de Asturias, a Festa da Fraga, y nuevamente Louro. Y mis pinitos en la acampada libre en Castro de Baroña y algún lugar recóndito cerca de Pantín.
Y aquella cosa de los festivales porque sí, como simple fiesta sin más pretensiones musicalmente hablando, derivó en la época de los festivales como objetivo: Festimad, FDN ,Sonorama, Cultura Quente, Super Bock Super Rock. Y también los viajes para ver a grupos, irse un finde a Madrid a ver a LOL, o a Arcade Fire...o irse a Granada a hacer la procesión del frikismo planetario. Pero como por aquel entonces llevaba un tiempo viviendo fuera del domicilio materno la cosa del viajar no daba para más, había que racionar el dinero, muchos viajes cerca y mucho mundo por descubrir.
La pared de la entrada se ha ido llenando de postales a lo largo de los años, recuerdos de amigos que viajaban y conocían sitios molones y lejanos, sitios que yo soñaba conocer algún día, más adelante, cuando tuviese más dinero. Mientras tanto me seguía escapando a escalar a Portugal, o a Picos de Europa, o a algún concierto y matar el gusanillo de vivir en esta ciudad que amo y odio a partes iguales.

Y ahora toca otra vez explorar nuevo mundo, establecer el campo de operaciones en otro lugar y reconocer el medio. Moverse despacio, moverse rápido, pero moverse. Y volver a sentir de nuevo esa maravillosa sensación de descubrir que todo es nuevo, volver a sentirte desprotegido e intraquilo, fuera de tu medio en un mundo que no conoces, como un niño que se ha descuidado un momento y ha perdido a sus papás. Y ser yo la que envía postales que esbozarán sonrisas en manos de seres queridos

martes, 7 de febrero de 2012

Feed the troll

Desconozco el motivo, pero la verdad es que tenemos un imán para conocer a gente extraña los fines de semana por la noche. Quizá solo sea una cuestión de estadística, o nosotr@s  tengamos bastante que ver (que va a ser que sí), pero hemos conocido trolls de todas las calañas:

-El troll de toda la vida, el que sale a buscar camorra por ahí y a meterse en líos, el que te mira con cara de perdonarte la vida por nada y te manda a tomar por el ojete acto seguido. Tienes suerte de que no te haya propinado un hostión o te haya metido un dedo en el ojo

-El troll "encefalograma plano", tú lo ves de aspecto normal, parece que está bien, e intentas razonar con él...ERROR! Aunque no vea ningún cartel en el baño y te empeñes en explicarle que en ese garito en cuestión son unisex, se pasará media hora repitiéndote a modo de mantra mientras señala alternativamente cada puerta "tío, tía, tío, tía" Tú preguntarás "has visto el cartel? has visto el cartel?" y el contestará "tío, tía, tío, tía" Entonces ya un poco fuera de tus casillas dirás "Le pregunto al camarero?Le pregunto al camarero?" Y él seguirá con su estribillo "tío, tía, tío, tía". Se te acabará colando, sí.

-El troll "walking dead", no confundir con el anterior, este no es que ande muy bollante de cabeza tampoco, pero a diferencia del anterior lo distinguirás porque vaga como un zombi, va por la vida medio acabado, la noche lo ha consumido, quizá lleva la chaqueta colgando, le suena el móvil o se va a caer. Te acercas a él en plan buena persona con ánimo de ayudar y entones de repente RESUCITA, te gruñe, te grita y te increpa de malos modos. Corre, insensato!

-El troll "buenrollista", el más peligroso de todos, ya que se te acerca de colegueo y no lo ves venir, pero luego resulta que es un plasta de flipar, y que cuando intentas librarte de manera amable de él no funciona, así que hay que optar por la técnica del centrifugado (que básicamente consiste en ofrecerle tu mano como si fueses a sacarlo a bailar, para que así baje la guardia, luego darle un giro de 360º lo más rápido que puedas para acto seguido centrifugarlo hacia el infinito y más allá), y entonces se indigna mucho, grita y te suelta el rollo ese de que las coruñesas somos unas tías muy chungas y blablablá...puede que hasta empiece a hacer aspavientos y bracear como una veleta con viento racheado. Aunque lo peor es cuando el troll en cuestión viene aprendido ya con las tácticas de evasión y se niega a colaborar. Hace unas semanas un troll me acosó en el Puticlú y juro que ni con dos guardaespaldas bailando culo con culo delante de él fuimos capaces de espantarlo.

El típico troll de David el Gnomo. Parece imposible, pero juro que yo los he visto tal cual!
Resulta que hace unas semanas estaba hablando con unas amigas acerca del efecto que nos producía tener hambre y sueño llegada una hora de la noche, que parece que hay gente que no acaba de entender que estos dos factores influyen de manera drástica en el estado de ánimo de la peña, pero lo que é, é. En mi caso en particular quizá sea semasiado bestia , pero es que yo como llegue una hora de la madrugada, tenga hambre y no encuentre nada que comer, juro que me transformo en un ser del inframundo capaz de desollar al primer ser vivo que se cruce en mi camino. Y si el problema es que quiero dormir y alguien se empeña en no dejarme puedo metamorfosear en alimaña salvaje y morder y sacar ojos. En Monte Alto nos las gastamos así con las necesidades primarias.

Bueno, el caso es que después de poner nuestras experiencias en común, llegamos a la conclusión de que los trolls no son trolls en realidad, que solo es gente que tiene hambre y/o sueño. Bueno, yo por mi parte paso de traerme a uno de estos seres a echar una cabezadita en mi casa, pero el tema del hambre tiene más fácil solución. Así que creo que yo a partir de ahora voy a salir con un bocata en el bolso, así cuando me encuentre con un troll siempre podré alimentarlo, volverá a ser persona normal, o como poco lo dejaré tan desconcertado con mi regalo que tendré tiempo suficiente para salir huyendo del peligro. Y como Murphy es un poco cabroncete y siempre juega a putearnos, seguro que me pasa como con el botiquín que me llevo cuando voy a trepar, que desde que lo llevo siempre me fostio menos y las averías son más leves, así que seguramente el día que baje el bocata no me encuentre a ningún troll, pero...quién sabe....lo mismo ese bocata me salva de convertirme en uno de ellos
El bocata carcelario, clásico entre los clásicos, pero poco recomendable para alimentar a un troll!