Reconozco que, después de mi fugaz visita a España para mi tour particular, me acojoné un poquito.
Un fin de semana demasiado intenso que me dejó secuelas durante casi una semana, y por qué no decirlo, me tocó un poco la patata.
Y es que claro, después de casi tres meses sin pisar la madre patria, una llega y se piensa que todo el monte es orégano. Me imaginaba mentalmente viajando a Picos de Europa los fines de semana y envenenándome en la caliza de Quirós como si no hubiese un mañana; o jugando una partida de rol en vivo con el selecto elenco de frikis locales; comprándome el abono para el BBK, para el Sonar, el Primavera Sound o el FDN y festivaleando sin parar; y poniéndome ciega de escalopines al cabrales. Y luego piensas lo cerca que estarías de todos tus seres queridos y te entra la morriña. Soy gallega, lo llevamos en el ADN.
Y entonces me vuelvo a Amsterdam, esa ciudad que adoro, y ya nada me parece tan bonito. Hace frío, tengo un humor raruno; como he perdido una semana de clases de holandés, no me entero de nada el día que vuelvo, y no paro de recibir respuestas negativas en mi correo electrónico con respecto a los trabajos que había solicitado.
Y me acojono,claro,porque por muy fuerte que haya demostrado ser este año, soy humana.
Entonces llega la bofetada final, donde te dicen que después de llegar tan lejos, te has quedado a las puertas.
Y me hundí, ¡cómo no!. Empecé a pensar que me quedaba sin salidas, que se me iban cerrando puertas sin que pudiese hacer nada por evitarlo. Y como buena planetera me regodeé en mi desgracia por unas horas, un par de días en realidad.
Me castigué a mí misma en casa sin salir, después de sabe dios cuantos meses sin que tal cosa sucediese. Me aprovisioné de guarrerías en el súper y me puse una peli mala, una de esas de chicas, de amor y lágrima fácil.
Pero al tercer día, resucité. Me reencontré con la escalada y mi friki escalador favorito en estas latitudes. Por alguna razón que desconozco, a mi friki escalador favorito, que es un crack, le mola escalar conmigo; y aunque tiene un rocódromo a tiro de piedra, se viene a escalar desde Rotterdam. Por unas horas toda mi atención se centró en disfrutar de la compañía y ver cómo se portaba mi patita, y todo lo demás pasó a un segundo plano.
Al final todo es relativo. Si hay algo que he aprendido este año
muy bien es a encajar las bofetadas de la vida; y este no es, ni de lejos, el golpe más duro que me he llevado últimamente. Traté de racionalizarlo, y teñirlo también de un cierto todo de despecho, no lo vamos a
negar. Honestamente, no me gustaba nada la idea de trabajar en un sitio
feo en el medio de la nada, y aunque el trabajo a priori era
maravilloso, tampoco era a lo que me quería dedicar el resto de mis
días. Intenté centrarme en eso, y en las cosas que tengo aquí que yo
considero calidad de vida y que iba a perder; recordé que no
era una pérdida absoluta, que había muchas cosas aquí por las que valía
la pena quedarse, mucha gente que vale la pena tener cerca, y mucho por
descubrir aún.
El pavo de Navidad y la cena con los amigos hicieron el resto.
Para bien o para mal, mi aventura holandesa continúa, y sigo creyendo que todo en esta vida sucede por alguna razón, por muy retorcida que sea. Así que haré mi parte y lucharé duramente por quedarme aquí mientras a mí me apetezca quedarme. Lo que está claro es que necesito un curro pronto, estar parada sin hacer nada me hace sentir fatal; estoy absolutamente convencida de que gran parte de mi bajón fue por ese motivo
...Y ni un paso atrás! Como dice aquella frase: "don't look back, you're not going that way anymore"
sábado, 22 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
Un mundo de gente incompleta
¿Sabes esos momentos de la vida en los que, pase lo que pase, sabes que vas a perder algo importante para tí? Pues justo ahí me encuentro yo ahora, y, sinceramente, estos momentos apestan.
Se me presenta una oportunidad laboral cojonuda que no puedo dejar pasar sin luchar por ella hasta el final, pero eso implica dejar una ciudad que amo, una ciudad que se ha convertido en mi hogar, y el mero hecho de pensar en abandonar Amsterdam me llena de tristeza.
He tratado de racionalizarlo mil millones de veces, y sé que no tiene una explicación posible, aunque casi toda la gente que vive aquí lo entiende perfectamente. No sé qué tiene esta ciudad, pero llegas y te engancha. Casi todos mis amigos llevan ya algún tiempo aquí; llegaron, como yo, un día con mil sueños en la cabeza y con ganas de emprender una nueva vida.
Los comienzos no fueron fáciles para ninguno, cualquiera que haya vivido una temporada en el extranjero (no hablo de irse de Erasmus) sabe lo que es eso,llegar e intentar enganchar con la vida de los demás, dondequiera que se encuentre ese punto de encuentro. Y pasas unos meses jodidos hasta que encuentras tu sitio, pero el día que lo encuentras todo cambia, la ciudad cobra otra dimensión.
Me gusta pensar en nosotros como supervivientes, gente que lo pasó mal y aguantó el chaparrón, y luchó con uñas y dientes porque vinieran tiempos mejores, porque hace falta ser fuerte para cambiar de vida radicalmente y tirar palante con lo que venga. Siento una profunda admiración por todos y cada uno de ellos, nunca en mi vida he conocido a tanta gente divertida y vital como aquí, a tanta gente curiosa e inquieta como yo.
Mi grupo de amigos se compone de holandeses, indios, ingleses, hondureños, irlandeses, escoceses, sudafricanos, franceses, portugueses, italianos, suecos, daneses, y algún que otro país que se me habrá olvidado...parecemos la comisión de fiestas de la ONU, y cualquier excusa tonta es suficiente para quedar cualquier día de la semana para tomar unas cañas y volver a casa a cuatro patas...en qué otro lugar del mundo voy a tener esta mezcla? Lo pienso y tengo la convicción de que cualquier lugar ya no será suficiente para mí. Nunca en mi vida me he sentido tan llena de vida ni tan feliz como en los meses que he pasado en esta ciudad.
A pesar de las adversidades, que las ha habido (y gordas), emprender esta aventura ha sido la mejor experiencia de mi vida, y no quiero que se acabe, porque todavía me queda taaaaaanto que descubrir aquí!. Cada día es nuevo y diferente, nunca sabes qué va a ocurrir ni a quien vas a conocer, ni dónde ni cómo vas a acabar la noche. Se trata de vivir el día, aprovechar el momento y exprimir cada segundo del tiempo.
Y sin embargo ahí está ¿el trabajo de mis sueños? No sé sí será tanto, pero sin duda es algo que me apasiona, y es en el lugar equivocado, aunque mi familia y amigos estén cerca, aunque haya montañas, siento que no es mi lugar ahora...pero no puedo dejar pasar esta oportunidad porque nunca me perdonaría no haberlo dado todo por ella. Y lo único que se me ocurre preguntarle a la vida es ¿por qué allí? ¿por qué ahora? Pero la vida no se para a contestarte, la vida sigue y o coges el tren o lo pierdes, quizá para siempre.
Llevo días con la sensación de que igual esto tiene fecha de caducidad, que igual en breve mi aventura se acaba, y me recreo en cada paseo en bici, en cada canal, en cada noche que paso junto a la gente que quiero, como si cada día me estuviese despidiendo de algo que igual no vuelvo a ver en un período de tiempo indefinido.
Y aquí estoy, a horas escasas de coger mi vuelo, debatiendo mentalmente conmigo misma, y luchando en dos frentes antagónicos a la vez: luchando por conseguir ese trabajo allí y por encontrar algo aquí. Lo bueno (o no) es que una vez más la decisión final no es mía, y que, pase lo que pase, perderé algo que quiero, pero ganaré algo que amo.
Como alguien me dijo el otro día: es bueno no poner todos tus huevos en la misma cesta.
Aunque eso no hace que me sienta mejor
Se me presenta una oportunidad laboral cojonuda que no puedo dejar pasar sin luchar por ella hasta el final, pero eso implica dejar una ciudad que amo, una ciudad que se ha convertido en mi hogar, y el mero hecho de pensar en abandonar Amsterdam me llena de tristeza.
He tratado de racionalizarlo mil millones de veces, y sé que no tiene una explicación posible, aunque casi toda la gente que vive aquí lo entiende perfectamente. No sé qué tiene esta ciudad, pero llegas y te engancha. Casi todos mis amigos llevan ya algún tiempo aquí; llegaron, como yo, un día con mil sueños en la cabeza y con ganas de emprender una nueva vida.
Los comienzos no fueron fáciles para ninguno, cualquiera que haya vivido una temporada en el extranjero (no hablo de irse de Erasmus) sabe lo que es eso,llegar e intentar enganchar con la vida de los demás, dondequiera que se encuentre ese punto de encuentro. Y pasas unos meses jodidos hasta que encuentras tu sitio, pero el día que lo encuentras todo cambia, la ciudad cobra otra dimensión.
Me gusta pensar en nosotros como supervivientes, gente que lo pasó mal y aguantó el chaparrón, y luchó con uñas y dientes porque vinieran tiempos mejores, porque hace falta ser fuerte para cambiar de vida radicalmente y tirar palante con lo que venga. Siento una profunda admiración por todos y cada uno de ellos, nunca en mi vida he conocido a tanta gente divertida y vital como aquí, a tanta gente curiosa e inquieta como yo.
Mi grupo de amigos se compone de holandeses, indios, ingleses, hondureños, irlandeses, escoceses, sudafricanos, franceses, portugueses, italianos, suecos, daneses, y algún que otro país que se me habrá olvidado...parecemos la comisión de fiestas de la ONU, y cualquier excusa tonta es suficiente para quedar cualquier día de la semana para tomar unas cañas y volver a casa a cuatro patas...en qué otro lugar del mundo voy a tener esta mezcla? Lo pienso y tengo la convicción de que cualquier lugar ya no será suficiente para mí. Nunca en mi vida me he sentido tan llena de vida ni tan feliz como en los meses que he pasado en esta ciudad.
A pesar de las adversidades, que las ha habido (y gordas), emprender esta aventura ha sido la mejor experiencia de mi vida, y no quiero que se acabe, porque todavía me queda taaaaaanto que descubrir aquí!. Cada día es nuevo y diferente, nunca sabes qué va a ocurrir ni a quien vas a conocer, ni dónde ni cómo vas a acabar la noche. Se trata de vivir el día, aprovechar el momento y exprimir cada segundo del tiempo.
Y sin embargo ahí está ¿el trabajo de mis sueños? No sé sí será tanto, pero sin duda es algo que me apasiona, y es en el lugar equivocado, aunque mi familia y amigos estén cerca, aunque haya montañas, siento que no es mi lugar ahora...pero no puedo dejar pasar esta oportunidad porque nunca me perdonaría no haberlo dado todo por ella. Y lo único que se me ocurre preguntarle a la vida es ¿por qué allí? ¿por qué ahora? Pero la vida no se para a contestarte, la vida sigue y o coges el tren o lo pierdes, quizá para siempre.
Llevo días con la sensación de que igual esto tiene fecha de caducidad, que igual en breve mi aventura se acaba, y me recreo en cada paseo en bici, en cada canal, en cada noche que paso junto a la gente que quiero, como si cada día me estuviese despidiendo de algo que igual no vuelvo a ver en un período de tiempo indefinido.
Y aquí estoy, a horas escasas de coger mi vuelo, debatiendo mentalmente conmigo misma, y luchando en dos frentes antagónicos a la vez: luchando por conseguir ese trabajo allí y por encontrar algo aquí. Lo bueno (o no) es que una vez más la decisión final no es mía, y que, pase lo que pase, perderé algo que quiero, pero ganaré algo que amo.
Como alguien me dijo el otro día: es bueno no poner todos tus huevos en la misma cesta.
Aunque eso no hace que me sienta mejor
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