sábado, 22 de diciembre de 2012

¡Ni un paso atrás!

Reconozco que, después de mi fugaz visita a España para mi tour particular, me acojoné un poquito.
Un fin de semana demasiado intenso que me dejó secuelas durante casi una semana, y por qué no decirlo, me tocó un poco la patata.
Y es que claro, después de casi tres meses sin pisar la madre patria, una llega y se piensa que todo el monte es orégano. Me imaginaba mentalmente viajando a Picos de Europa los fines de semana y envenenándome en la caliza de Quirós como si no hubiese un mañana; o jugando una partida de rol en vivo con el selecto elenco de frikis locales; comprándome el abono para el BBK, para el Sonar, el Primavera Sound o el FDN y festivaleando sin parar; y poniéndome ciega de escalopines al cabrales. Y luego piensas lo cerca que estarías de todos tus seres queridos y te entra la morriña. Soy gallega, lo llevamos en el ADN.
Y entonces me vuelvo a Amsterdam, esa ciudad que adoro, y ya nada me parece tan bonito. Hace frío, tengo un humor raruno; como he perdido una semana de clases de holandés, no me entero de nada el día que vuelvo, y no paro de recibir respuestas negativas en mi correo electrónico con respecto a los trabajos que había solicitado.
Y me acojono,claro,porque por muy fuerte que haya demostrado ser este año, soy humana.
Entonces llega la bofetada final, donde te dicen que después de llegar tan lejos, te has quedado a las puertas.
Y me hundí, ¡cómo no!. Empecé a pensar que me quedaba sin salidas, que se me iban cerrando puertas sin que pudiese hacer nada por evitarlo. Y como buena planetera me regodeé en mi desgracia por unas horas, un par de días en realidad.
Me castigué a mí misma en casa sin salir, después de sabe dios cuantos meses sin que tal cosa sucediese. Me aprovisioné de guarrerías en el súper y me puse una peli mala, una de esas de chicas, de amor y lágrima fácil.
Pero  al tercer día, resucité. Me reencontré con la escalada y mi friki escalador favorito  en estas latitudes. Por alguna razón que desconozco, a mi friki escalador favorito, que es un crack, le mola escalar conmigo; y aunque tiene un rocódromo a tiro de piedra, se viene a escalar desde Rotterdam. Por unas horas toda mi atención se centró en disfrutar de la compañía y ver cómo se portaba mi patita, y todo lo demás pasó a un segundo plano.
Al final todo es relativo. Si hay algo que he aprendido este año muy bien es a encajar las bofetadas de la vida; y este no es, ni de lejos, el golpe más duro que me he llevado últimamente. Traté de racionalizarlo, y teñirlo también de un cierto todo de despecho, no lo vamos a negar. Honestamente, no me gustaba nada la idea de trabajar en un sitio feo en el medio de la nada, y aunque el trabajo a priori era maravilloso, tampoco era a lo que me quería dedicar el resto de mis días. Intenté centrarme en eso, y en las cosas que tengo aquí que yo considero calidad de vida y que iba a perder; recordé que no era una pérdida absoluta, que había muchas cosas aquí por las que valía la pena quedarse, mucha gente que vale la pena tener cerca, y mucho por descubrir aún.
El pavo de  Navidad y la cena con los amigos hicieron el resto.
Para bien o para mal, mi aventura holandesa continúa, y sigo creyendo que todo en esta vida sucede por alguna razón, por muy retorcida que sea. Así que haré mi parte y lucharé duramente por quedarme aquí mientras a mí me apetezca quedarme. Lo que está claro es que necesito un curro pronto, estar parada sin hacer nada me hace sentir fatal; estoy absolutamente convencida de que gran parte de mi bajón fue por ese motivo
...Y ni un paso atrás! Como dice aquella frase: "don't look back, you're not going that way anymore"

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