lunes, 24 de octubre de 2011

El bello verano

Todos los años cuando llega el momento del cambio de hora, abrigarse,y los inevitables movimientos de ropa en el armario, me pongo un poco tristona. No es que me guste el calor aplastante bajo un sol abrasador, que, por otro lado, es un bien escaso por estos lares, pero está claro que odio salir a la calle como una cebolla, los temporales y olas de frío, y sobre todo que a las 6 de la tarde se haga de noche. Seamos sinceros, que sí, que hace falta que llueva, pero el invierno está sobrevalorado: nos vuelve sumamente perezosos, incita a la vida sedentaria, a pasar mucho tiempo en casa, acostarse pronto y arremolinarse en torno a una estufa...por no hablar de la tonalidad gris que lo envuelve todo, esa luz gris, esas nubes grises sobre nuestras cabezas, si hasta nuestro ánimo se pone gris! Y encima, lo peor de todo es que no hay festivales, porque, quién coño se va a ir de acampada con este tiempo? quién?

Así que, ahora que ya hemos cumplido son los ritos iniciáticos de la temporada invernal voy a aprovechar para hacer un poco de memoria y recordar lo más destacable del verano, lo bueno y lo malo, aunque afortunadamente ha habido mucho más de lo primero que de lo segundo. Voy a poner algo acorde para la ocasión y recrearme un momento en el tiempo pasado: el terraceo, las tardes trepando hasta el anochecer y las noches de fiesta hasta el amanecer, los baños en el mar, las fiestas de pueblo y los festivales de verano. Así se me hará más llevadera la aclimatación a este tiempo de mierda, y más corta la espera hasta que nuestro amigo el sol se decida a acompañarnos de nuevo.

LO PEOR DEL VERANO

4- Quedarme sin bici a finales de junio...pero qué mierda es eso? Toda la vida diciéndonos que el curso termina en septiembre y ahora me vienen con esto?
Querida amija, nunca te olvidaré
3- La mierda sesión 2many Djs edición "pastis" que se marcaron estos señores en Vigo y aquella noche en general. Pero al menos después de eso todos aprendimos la diferencia entre "Live" y "Dj set"
Foto robada inpunemente del caralibro de Mr BuBa
2- La terrible resaca del sábado post-brincadeira. Juro que pensé que moría
Esta foto no es de ese día, pero la verdad es que nadie notaría la diferencia
1- El esguince de dedo y sus daños colaterales. Menos mal que ya empezamos a ir por el buen camino.

Mi mano en todo su esplendor lesivo



 LO MEJOR DEL VERANO

4-La tarde que trepamos la Punky Power y casi salimos nadando. Si vas a hacer algo así, ten siempre cerca a tu maestro Jedi :)
Porque la vida puede ser maravillosa
3-El concierto planetero post-Brincadeira, o cómo motir y resucitar en un mismo día por obra y gracia de J. Es difícil elegir un solo instante de una noche tan memorable, así que me quedo con la entrada triunfal de la Lojeña en la Fábrica del Chocolate, los "vivas" a los Portazos, el niño que solo hace caso cuando le hablan en granaíno, y sobre todo con la foto de Harry Potter
La mejor peor foto de la historia de la humanidad

2- El asalto vikingo a Redes, o como tres insensatos mueren ahogados a lomos de una orca de plático a escasos metros de la playa
Ninguna ballena ha sido maltratada para la realización de esta foto
1- El  Cultura Quente, o como terminar una noche que empezó medio regular en un after en medio de ninguna parte bajo un viaducto de la autopista (honramos la memoria de la difunta Amy Whinehouse como mejor supimos)

Higiene y cultura a partes iguales


Y como es de bien nacidos ser agradecidos y (casi) nada de todo esto habría sido posible si me hubiesen renovado contrato en Mordor, aprovecho la ocasión para recordar la ratonera
¿mande?


 No sé vosotros, pero yo, como en aquella canción, tengo ganas de fiesta, de que acabe el invierno...

martes, 11 de octubre de 2011

Adrenalina

Reconozco que llevar 3 semanas en barbecho sin poder escalar me tiene totalmente trastornada. He llegado al punto de pensar en acercarme al rocódromo a dar unos pegues solo para ver cómo se porta mi dedo, para una décima de segundo después decirme a mí misma "no, María, no es una buena idea", y seguir aquí envenenándome en casa mientras me llegan mensajes de todo cristo aprovechando este segundo veranito que no has regalado el cambio climático.

Ya sé que muchos de vosotros no entenderéis esta enfermiza afición nuestra a encaramarnos por paredes sin otra finalidad que la de llegar arriba porque sí, porque te lo has propuesto y quieres lograrlo, porque quieres vencer tus miedos, controlar la situación y demostrarle a ese trozo de roca de lo que eres capaz para que ella juzque, siempre justa e implacable, si eres merecedor de disfrutar de esa línea en particular y no de otra. Yo no me considero para nada una persona mística o espiritual, pero lo que está claro es que nunca me he sentido más en armonía con el cosmos, más centrada, despierta y alerta de lo que me he sentido algunos días escalando.

Creo que sólo podréis entender de qué estoy hablando si habéis probado esa mezcla explosiva de adrenalina y control mental, ese extraño cóctel que te hace sentir alerta y a la vez consciente de que eres tú el que tiene la sartén por el mango, porque al fin y al cabo todo se reduce a eso: a controlar la situación, los nervios, a que el resultado dependa solo de ti. En la vida ya nos enfrentamos a demasiadas situaciones que se nos escapan de las manos en las que solo podemos tratar de capear el temporal como mejor sepamos o podamos, pero hay demasiados factores externos que condicionarán nuestro éxito o nuestro fracaso. En la escalada no: lo que hay es lo que ves, está justo delante de ti, desafiándote, y tu arma para retarle en un cara a cara eres tú mismo. Y luego está tu compañero, esa persona de quien puede depender tu vida, tener que confiar así en alguien no es fácil, claro está, y al menos en mi caso influye muchísimo en mi manera de escalar; pero, creedme, depositar semejante confianza en alguien me hace recuperar la esperanza en la humanidad.

Escalando en el Eume con Germán la Punky Power
Cosas malas que me ha dado la escalada:
-Arañazos, moratones y cicatrices
-Alguna que otra mojadura
-Un esguice de tobillo
-Una fisura en el coxis
-Dos grapas en la cabeza
-Miedo, mucho miedo

Cosas buenas que me ha dado la escalada:
-Amigos
-Conocer sitios preciosos
-Atardeceres de ensueño
-Valorar el maravilloso sabor de una cerveza fresquita después de un largo día dándolo todo
-La satisfacción de ver que, a pesar de pasarlo mal, lo has logrado
-Fuerza interior

La verdad es que estoy deseando que mi dedito deje de quejarse un poco para volver a desafiar a la gravedad en medio de una pared, os aseguro que mi salud mental (lo que queda de ella) está en juego.

martes, 4 de octubre de 2011

Crónica de una muerte anunciada

Es relativamente fácil acordarse de la primera vez que hiciste algo:el primer concierto de tu grupo favorito, la primera vez que estuviste en la nieve, tu primer beso con alguien...Luego, poco a poco, con la cotidianidad, los recuerdos se van diluyendo, se entremezclan hasta el punto que no sabes a ciencia cierta cuándo has hecho algo, o no tienes claro del todo con quién.

Y entonces llega un día del que casi nunca eres consciente, porque las últimas veces suelen llegar a traición. Y te das cuenta de que eso tan cotidiano que casi se había convertido en un acto rutinario no va a volver a pasar, y quizá en ese momento te pares a intentar recordar esa última vez, diluída y mezclada con otras muchas veces en tu recuerdo. Y quizá no seas capaz de obtener más que recuerdos vagos de esa última vez que dormiste con alguien, del último día que te bañaste en la playa este verano, del último día que quedaste con un viejo amigo al que cada vez ves menos; o la última tarde escalando, esa en la que te marchaste antes porque estabas cansada e iba a haber muchas más.

Y no sé por qué, pero esto siempre ha sido algo que me ha obsesionado, como si las historias mereciesen una manera más digna de morir que difuminándose entre los restos del pasado; y como mi idiosincrasia vital tiene bastante que ver con eso de atesorar cada momento como el más preciado del mundo, intento que eso no me suceda. Pero de vez en cuando algo se te escapa y te pilla de sopetón, y te gustaría que por lo menos hubiera tenido la decencia de avisarte que iba a ser tu última vez.

Ya lo decía la canción: la vida es una sinfonía agridulce